Maneras de morir
Hay muchas clases de muerte, pero quiero referirme a dos: una, la que provocamos los hombres con las guerras, y la otra, la que nos cae encima, Dios sabe por qué, como son los terribles terremotos.
La humanidad, esta humanidad de ahora, ha desarrollado con el poder de su inteligencia formas de vivir que hacen al hombre más feliz. Maneras de llenar la vida de comodidad, de belleza y que, en caso de enfermar, sea más llevadero el dolor y más fácil la curación. Me refiero, claro, al mundo moderno, con sus equipados hospitales, sus confortables modos de viajar, de trabajar, de inventar. Pero esta magnífica humanidad, que dice León XIV, es imperfecta y por desgracia tarde o temprano llega la muerte, acaba con el dolor y, a veces, se nos permite dejar un rastro en el corazón de los nos han querido, que nos recordarán durante algún tiempo.
Hay muchas clases de muerte, pero quiero referirme a dos: una, la que provocamos los hombres con las guerras, y la otra, la que nos cae encima, Dios sabe por qué, como son los terribles terremotos de Venezuela. Tan distintos y tan parecidos en el resultado. En ambos casos se muestran sus escombros, sus muertos, sus niños tristes, perdidos para siempre. En los dos casos hay miserables que sacan beneficio de la muerte y de la ruina y, en ambos casos, hay personas que ayudan, nos emocionan y nos hacen sentirnos orgullosos de lo que somos.
Aunque parece que poco o nada se puede hacer, estamos equivocados y más en el caso de los dolores provocados. Creo que somos responsables de esos sufrimientos, cada uno nace para aportar algo bueno al mundo, y sin embargo estamos tolerando la degradación de la sociedad, la tiranía y la guerra, viendo como algunos políticos hacen negocios turbios para su beneficio y soportando que los recursos económicos no se dediquen lo que deben dedicarse, a la educación de los niños, a las necesidades de los más débiles, a la salud de la población, sino que acaban en el bolsillo insaciable de unos cuantos desalmados que en las desgracias ajenas ven una oportunidad para enriquecerse…Me siento culpable de la pena de mis semejantes. Nosotros, los hombres, hemos permitido este mundo de desheredados, guerras y catástrofes, así, como es.
Y hoy quiero dedicar un recuerdo a Adolfo Suarez, nuestro primer presidente, que, con el Rey Juan Carlos y un grupo de políticos decentes y justos, nos regalaron la democracia y la libertad, con añoranza de aquel momento de orgullo para todos los españoles.