Maricarmen
Uno: Una persona mayor, una mujer de 87 años, que vive sola, con un 50% de discapacidad, no puede ser desahuciada. En ningún caso. No es que sea un drama, es que es una vergüenza, una indecencia, una bajeza que nos resta humanidad y nos hace peores.
No se abandona a los niños ni a los mayores, al contrario, se les cuida y se les facilita la vida. Ante ello debemos todos preguntarnos cómo hemos llegado a esta situación. ¿Qué decisiones nos han traído hasta aquí? ¿Cómo es posible que la ley y su aplicación hayan permitido que esto se produzca?
Dos: Maricarmen se mudó al que hasta ahora ha sido su domicilio, cercano al madrileño Parque del Retiro, en 1956, con 17 años, gracias a que su padre, en pleno franquismo, firmó un contrato de arrendamiento de la época, lo que luego se denominó renta antigua. Por no hacerlo largo, la legislación puesta en marcha por los gobiernos del PSOE, en 1985 y 1994, acabó con el abuso que para los propietarios suponía que, décadas después de haber alquilado sus pisos, los inquilinos pagaran cantidades ridículas y con carácter hereditario. Maricarmen vivió allí con sus padres mientras trabajaba como administrativa. Tras fallecer su madre, en 2005, las leyes no le permitían quedarse en la vivienda en las mismas condiciones (se había producido más de una subrogación y su grado de discapacidad no era superior al 65%). Renunció a su compra, siguió pagando lo mismo y el dueño de la vivienda, posiblemente agotado, vendió el piso con inquilina incluida. La Maricarmen de 40 y 50 años, que no era la anciana que es hoy en día, jamás se planteó otro escenario que seguir allí. Vivía en un buen piso de una buena zona, gracias a la legislación franquista, y pensó que sería para siempre.
Tres: Utilizar esta tragedia ideológicamente, con pretensiones políticas, por pura complacencia narcisista, con afectación colectiva, es tan indigno como aquello que supuestamente se pretende combatir. A Maricarmen le han ofrecido otro piso (a través de un familiar) y una plaza en una residencia. A los actuales dueños, que no son un fondo buitre, como algunos se empeñan en calificar, se les ha ofrecido pagar la diferencia (a través de una escritora anónima). Ni unos ni otros han aceptado. Al final, los jueces aplican la ley que existe. Y si no se ha cambiado no habrá sido por falta de tiempo. Evitar que vuelva a ocurrir es sencillo: cámbiense las normas y respétense los derechos de las partes. Sin demagogia ni hipocresía, si puede ser, pero que no suceda más.