Un cacao maravillao
Como los malos estudiantes, el Gobierno ha dejado los deberes de la vivienda para el último momento. Tras más de ocho años gobernando, se ha puesto a estudiar la noche antes o, peor aún, la misma mañana del examen.
La ministra de Vivienda, porque, sorpréndanse, hay una ministra de Vivienda, se presentó a la prueba y se quedó en blanco, se hizo un lío con los apuntes y no supo responder ni a las preguntas más fáciles, como qué es un “fondo buitre” o qué decían los dos decretos anunciados, elaborados por su propio ministerio. “No está aquí la última versión”, “esto se lo aclaro después”, “este texto justo no me lo sé” y otras respuestas vagas, excusándose y reconociendo que habían estado “trabajando hasta las últimas horas”, fue cuanto acertó a balbucear mientras sus compañeros de pupitre hacían como que escribían sin levantar la cabeza. “Tengo un cacao…”, llegó a reconocer. Desde aquello de Cospedal y la indemnización en diferido en forma de simulación no se había visto cosa igual.
El examen sorpresa lo puso Maricarmen, fijando la fecha para el Consejo de Ministros, mientras dejaba a los de la acampada en Sol, que nunca se verán tan cerca de tener un piso en el centro, como celosos vigilantes de su realización. Ante la certeza de que los socios de Gobierno no estarían de acuerdo en este tema se decidió trocear las propuestas en dos. No sé, a la hora de escribir estas líneas, si Junts habrá apoyado el primer decreto o si el PNV habrá puesto reparos al segundo, lo que sí es cierto es que ninguno soluciona los dos grandes problemas que enfrentamos: el acceso al alquiler y la escasez de viviendas. El primero, el que los alquileres sean caros, por más que se empeñen, se debe al segundo: a la poca oferta existente. Puedes hacer lo que quieras con el primero, pero si no solucionas el problema de la insuficiencia de pisos, de nada va a servir. Ni las prórrogas ni las regulaciones resuelven un problema que se puede plantear en términos matemáticos (no hay pisos suficientes) o puramente económicos (hay más demanda que oferta).
Poco importa su aprobación: ninguno llegará al fondo del asunto. Si han salido adelante, mejor para quien tenga ya piso en alquiler; si han sido rechazados, mejor para quien aspire a alquilar (sin hacerse muchas ilusiones). Liberar suelo, agilizar planes urbanísticos, construir vivienda pública y privada, dar facilidades y seguridad para alquilar y vender… Ese es el camino. Lo otro es un cacao de ensoñaciones en torno a “alternativas habitacionales”, que manda narices.