13/11/2020 / 11:20
J. Pastrana


Imagenes

"No hemos intentando hacer un retrato de la figura del antidisturbios, pero sí construir personajes con mucha verdad"

El gran éxito de Antidisturbios ha venido acompañado también por la polémica, ya que la calidad de la propuesta y su verosimilitud ha llevado a algunos a confundir realidad con ficción. Hablamos con Sofía Fábregas, productora ejecutiva de la serie, de todos los secretos y detalles de una producción destinada a ser historia de la televisión.  


Antidisturbios podría ser perfectamente la mejor serie del año. La apuesta de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña por unir thriller y drama en una miniserie de seis capítulos  ha conquistado a crítica y audiencia. Y como todas las buenas producciones, incluso ha generado algo de polémica, ya que el realismo y verosimilitud de la propuesta ha hecho que algunos espectadores olviden que se trata de ficción.

La historia sigue a un grupo de antidisturbios que, de la noche a la mañana, se encuentran en el ojo del huracán cuando se produzca un incidente mortal durante un desahucio que están realizando. La investigación de Asuntos Internos terminará en manos de una joven y tenaz investigadora, quien descubrirá que, lo que parecía un  caso de violencia policial, puede conducirla a algo mucho más grande. 

En la producción Sorogoyen vuelve a demostrar su vibrante pulso narrativo y un talento innato para dirigir actores y fabricar intensos planos secuencia. En la producción de Antidisturbios también ha estado muy involucrada la productora Sofía Fábregas Bernar. Licenciada en Periodismo, comenzó su carrera en el sector audiovisual en Cuatro en 2005 y se incorporó a Atresmedia Cine en 2007 como productora ejecutiva. En 2017 decidió dar un paso adelante y crear la productora independiente The Lab (The Lab Cinema). Antidisturbios ha sido su primer proyecto y sobre él hablamos en una entrevista repleta de SPOILERS.

 

Menudo cambio están dando las series españolas. El nivel de producción de series como ‘Antidisturbios’ ya no tiene nada que envidiar a otros productos internacionales.  
Sí. Empezamos a estar a la altura.

Parece que Movistar está apostando muy fuerte por la ficción. 
Están acertando mucho. Tienen un proyecto muy guay, de autores. Me gusta mucho desde el origen, desde La Peste. ¿Quién habría dicho que se podía hacer una serie así en este país?   

Y eso que me da rabia que parece que nos cuesta hacer un clímax con pirotecnia y espectacular. En ‘Antidisturbios’ yo estaba esperando que se liara en algún momento.       Te entiendo, pero nosotros con Antidisturbios siempre hemos buscado un tono muy naturalista, muy pegado a la tierra, ya desde los diálogos. Se intenta que sea un cine sin tanta pirotecnia. Otras series con otro tono se lo pueden permitir, pero aunque todo es ficción, desde el principio al final, teníamos un compromiso con el tono realista que habían elegido los creadores.   

Y eso que a la serie no le falta espectacularidad, como la carga del capítulo 5.  
Sí. Para Sorogoyen esto ha sido un gran reto. Rodamos 19 semanas, lo más cronológicamente posible. Entonces, cuando llegamos a ese capítulo, a lo mejor ya íbamos por la semana 12. En la preproducción no habíamos podido preparar eso y lo que hacía Rodrigo era, cuando terminaba de grabar lo que tocaba en esa jornada, irse con el ayudante de dirección, el director de fotografía  y los especialistas a preparar esa escena, que además quería hacerla en plano secuencia, con lo que había que ensayar muchísimo. No era como el del capítulo 6, que tenía una dificultad más dramática. Éste era una cosa muy mecánica, de especialistas... Fue una matada.  

El del capítulo 6 es muy complicado desde el punto de vista dramático, con esa tensión. Cuando algunos actores cambian de habitación y los otros se quedan esperándoles,  uno se pregunta que estarán haciendo mientra la cámara no les graba.  
 Yo te lo digo. Estábamos abriendo la mesa de la cena para meter a alguien dentro. Fue muy divertido porque está hecha con steadycam. Empieza, vas llegando a la mesa, va de uno a otro... Luego se meten en el cuarto de baño y cuando salen y vuelven a la mesa, el steadycam le pasa la cámara a alguien que está metido dentro. Entonces, a partir de ese momento, empiezas a ver desde dentro de la mesa todos los discursos y miradas que hay. Ten en cuenta que, mientras los dos están en el cuarto de baño y se está levantando la mesa, el resto de actores tienen que seguir en personaje porque después llega el clímax de la escena. Además, Rodrigo les había ido dando distintas directrices que los otros actores no sabían.  

 

Un deshaucio que se salda con un incidente mortal será el detonante de la trama. 

Es un plano secuencia que recuerda al de ‘Madre’. Hay directores, sobre todo en estos tiempos, que usan el plano secuencia para lucirse ellos, pero en este caso están puestos al servicio del actor, de la evolución dramática de la escena.  
Absolutamente. En los planos secuencia, el equipo siempre se pone más alerta porque todo el mundo tiene que estar como más agudo, tanto el equipo técnico como artístico, porque si uno falla, hay que cortar el plano secuencia. Todo el mundo tiene que estar alerta. Pues en este caso fue aún más especial. Era un día en el que además tres actores de los seis del furgón terminaban la serie. Y cuando acabamos de rodar ese plano secuencia, ellos tenían la clarísima sensación de haber participado en algo muy increíble. Es como cuando eres consciente de que te has salido, de la importancia artística de lo que acabas de hacer.     

Es que la serie no tiene un clímax pirotécnico, pero sí tiene un clímax dramático y es éste. 
Sin duda. Y por eso está escogido. Nuestra serie es una serie de personajes y para ser profundamente honestos con el ADN de la serie, el clímax es esa cena, porque están en pura explosión. Se encuentran después de un tiempo en el que no se han visto, que no sabes muy bien qué ha pasado en esa elipsis de tiempo, y para ser honestos con la serie, el clímax tenía que ser dramático y en plano secuencia. 

Además, hay mucha subida y bajada de tensión. Es muy intenso. ¿Cuántas veces lo grabaron? 
 Pues yo diría que al menos 12. Y la buena fue la última.       

 

La escena de la cena, todo un reto técnico e interpretativo que representa el clímax de la historia. 

A nivel interpretatativo debe ser muy exigente.    
Sí. Empezamos como a las siete de la tarde, con un par de ensayos, grabamos un poco y luego paramos a cenar. Yo juraría que eran como las diez y media y habíamos rodado ya cuatro o cinco veces. Además, como algunos abandonaban ya un personaje con el que habían pasado semanas, era todo muy intenso. Cuando paramos a cenar, había algunos frustrados, otros que querían seguir con ello... En eso Sorogoyen es una máquina de motivar y dirigir. Es un gran director de actores. Y al final, la buena fue a las tres de la mañana.      

Me ha sorprendido leer que se estaba trabajando en una segunda temporada, porque todo queda muy cerrado.  
Todavía no puedo contestar a eso. Estamos barajando muchas opciones. Es verdad que la serie acaba cerrando los personajes. Es más, todos consiguen lo que querían desde un principio, pero no hay felicidad. Es algo que también es muy interesante. Consiguieron todos sus objetivos, pero se quedaron insatisfechos. Yo creo que la serie queda cerrada, pero podría pasar cualquier cosa.  

 

Vicky Luengo interpreta a la inspectora encargada de investigar lo ocurrido durante el deshaucio. 

Al margen de lo que pase con esa segunda temporada, ¿a qué personaje te gustaría a voler a ver otra vez?
Tengo un problema, que estoy enamorada de todos. Me encanta Hovick, quiero saber todo de Raul Arévalo cuando está en Galicia y hay un personaje que me fascina, que es el de Tomás del Estal, el jefe de Vicky Luengo. Todos los personajes secundarios se van descubriendo poco a poco y me fascina mucho. Y Tomás, con muy poco, ha creado a alguien que tiene toda mi atención cada vez que sale en escena. Las primeras veces que sale apenas te fijas, pero de repente... Se desenvuelve. Y me encanta el personaje de Revilla. Los secundarios están igual de pensados que los principales.

La imagen final del barco con el Piolín... Sería demasiado grande meterse en ese charco, ¿no?  
 Sí... no sabemos todavía.   

 

Actores como Raúl Arévalo o Roberto Álamo interpretan a los antidisturbios que dan nombre a la serie. 

Y eso que la serie ya ha generado polémica por la visión que da de los antidisturbios. 
Desde el principio sabíamos que la figura del antidisturbio es bastante controverida socialmente, porque se les juzga cuando al final es esa frase que dice en el capítulo 4 el personaje de Raúl Arévalo, “soy un funcionario”. Son funcionarios que en su trabajo diario lidian con la violencia, luego siempre están expuestos a la polémica, pero lo que nosotros intentamos hacer es generar conversación, no controversia. Hay mucha gente que ha visto la serie y dice que ahora empatiza más con los antidisturbios. No hay un posicionamiento claro de la cámara. Queríamos que la gente sacara sus conclusiones sobre los antidisturbios, las situaciones con las que lidian, su papel en la sociedad, la violencia legítima del Estado...      

Creo que las críticas no han ido tanto por la figura policial como por el dibujo de personajes, con dos que consumen cocaína, un acosador, otro con depresión... Casi no hay personajes positivos... Quizás el de Raul Arévalo.
 A mí él también me parece una persona que intenta hacer su trabajo lo mejor que puede. A ver, es verdad que hay muchas construcciones de personajes que se deben a una ficción. Al final necesitas conflictos dentro del personaje. Si todos fueran como el de Raul Arévalo, probablemente no sería una serie de personajes tan compleja. Se ha intentado buscar los grises, los blancos y los negros de cada persona. No se ha intentado decir éste es el perfil policía, en ningún caso. Se ha intentado construir personajes con sus luces y sus sombras.    

El cine negro no se hace con personajes puros. 
Claro. Es como si todo el gremio médico se alza contra House porque es un adicto a la codeina. Sencillamente es una ficción. Hay médicos y policías maravillosos que lidian con su trabajo igual que tú o que yo. No estamos intentando hacer un retrato de la figura del antidisturbios, pero sí queríamos construir personajes con mucha verdad.  

 

Soffía Fábregas junto a al director Rodrigo Sorogoyen en un momento del rodaje.  

De hecho esos claro oscuros también esta en la ‘heroína’ de la ficción, en el personaje de Vicky Luengo, que al final parece que le importa más ganar que la verdad. 
Sí. De hecho, en la conversación con Revilla ella acaba claudicando, acaba justificando el fin a cualquier precio. Y ese probablemente no es el personaje que presentas al principio, el de alguien escrupuloso con la justicia y la verdad hasta el final, hasta incluso provocar cierta humillación en su propio padre. 

Pero es que la última escena con Revilla también te hace ver con otros ojos esa primera escena de la partida de Trivial con su familia, porque ya no sabes qué la espolea, si la verdad o su deseo de ganar. 
Esa es la complejidad. Piensas que la han presentado de otra manera, pero a lo mejor siempre ha sido así. 

A la hora de ver el reparto, algunos personajes pueden romper un poco los esquemas. El de Roberto Álamo, por ejemplo, que uno asociaría con un policía más duro.  
Rodrigo es un imán para los actores porque en todas sus películas los actores han estado nominados a los Goya o los han ganado, que es lo que le pasó a Roberto Álamo con Que Dios nos perdone o Antonio de la Torre con El Reino. Es un director que atrae muchísimo al talento porque él tiene mucho talento. Por eso, para nosotros fue fácil cerrar a los actores que teníamos pensado desde el principio para cada uno de los papeles. Y en el caso concreto de Roberto Álamo, Sorogoyen quería que no se pareciera al personaje de Que Dios Perdone, que iba a haber sido un antidisturbios. No quería volver a contarse ese personaje. Probablemente, porque él ya se lo había contado en su cabeza. Rodrigo y Roberto son muy amigos y para este proyecto quería confiarle otro tipo de papel... más alejado de su físico quizás.   

 

La serie cuenta con impactantes momentos protagonizados por los antidisturbios. 

Hablando de ‘Que Dios nos Perdone’ y ‘El Reino’, son dos películas que están muy ligadas a ‘Antidistubios’. ¿Se podrían considerar una trilogía?
No está concebido así, pero yo siempre se lo digo a Rodrigo. Antidisturbios tiene lo mejor de cada una, que no es poco. Es una serie en la que ha podido reunir todo el universo de esas dos producciones anteriores, porque además tenía el tiempo, el dinero y el espacio para hacerlo. La gente que sigue su cine sí que puede encontrar la suma de sus dos películas anteriores.   

Tiempo y dinero. Eso se debe, también, a la apuesta que están haciendo las plataformas por este tipo de series. ¿Estamos en un momento histórico para el audiovisual español?
Yo creo que estamos en un momento histórico, porque han aparecido agentes que no han existido antes, pero creo que quien está ganando mucho con esto es el espectador. Está ganando el talento, porque se encuentran plataformas que financian su creatividad y le dan tiempo para desarrollarlo. Yo con Movistar no puedo estar más agradecida. Nos han dado los recursos económicos, el tiempo y el frontón creativo. Tienen gente muy buena. Te dan tiempo y te retan en el desarrollo. Es un momento histórico buenísimo. 

¿Con qué modelo te quedarías, con el de las miniseries de seis u ocho capítulos, como se hace más en la ficción británica, o con las temporadas más largas?
Depende del autor y de la historia. Yo creo que me interesan más las historias cerradas, más parecida a la ficción británica, en la que la historia es más relevante y no es una temporada tras otra. Pero es que hay veces que tienes personajes tan potentes, como en Los Soprano o The Wire, que ojalá tuvieras 14 temporadas. Depende mucho de la voz que estés produciendo. En este caso, la de Rodrigo e Isabel, a priori no es una serie que pudiera tener 10 temporadas. 


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