16/10/2021 / 14:33
Antonio Yagüe


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Reciclajes

Lo de machistas, como antes el valor en la mili, se les supone a muchos. Unos bruticos, como nos advertían.


Un antiguo alumno del Instituto de Molina de Aragón lamentaba hace años conversando unos vinos la nefasta e inadecuada educación recibida para tiempos modernos. Nos enseñaron, deploraba, a ser honrados, serios y buena gente. Hoy se lleva más el trinque, echarle jeta y el frikismo majadero. Tenemos, razonaba, ex compañeros de jueces justos, policías avezados, docentes abnegados, bancarios serviciales, campesinos auténticos… Ni un solo político o malversador conocido de caudales ajenos. Tocaría, si fuera posible, reciclarse.

Lo de machistas, como antes el valor en la mili, se les supone a muchos. Unos bruticos, como nos advertían. Bien mirado, es lo que cabe esperar de gente nacida en el surco bajo un franquismo asfixiante. Hoy somos carne de cañón para reeducarnos en el singular y seguramente divertido Centro de Masculinidades Plural regentado en Barcelona por la alcaldesa Inmaculada Colau. O futuras escuelas para reciclar hombres guiadas por la cuota femenina en Moncloa de los máximos regidores en Castilla-La Mancha, Aragón y otros territorios. Reeducarse o morir. Es el sino de los tiempos de los varones veteranos para amansar relaciones con las compañeras de vida, antes parientas, géneros y transgéneros en general.

La reeducación también ha llegado al trato con los animales antes llamados salvajes y los domesticados o mascotas. Nada de tirotear al lobo, espachurrar avispas o apedrear víboras. Son hermanos convecinos en un planeta que parecía inmenso y ha devenido en cuchitril. Ser cazador cotiza a la bajísima. Es un primitivismo cruel. Nos hará falta en España otro cursillo para convivir con los mimosos trece millones de perros y tres de gatos. Por no hablar de otros animales de compañía o juguetes lejanos al pulpo, como pájaros, roedores y reptiles.

Los propios canes, según la proyectada ley animalista, necesitarán serio reciclaje. Si van a las glamurosas guarderías urbanas, requerirán castración. También en los pueblos si tienen actividad exterior, cazando o de zascandiles callejeros venteando perras en celo. Se hará, eso sí, mediante química y no en puertas de parideras, como cuentan que lo hacían algunos pastores desalmados. La vulgaridad del apareamiento queda para sementales profesionales y vientres de reproducción. Todos a las aulas.


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