23/12/2021 / 16:57
Marta Velasco


Imagenes

Sol de invierno

Mi belén, caótico y desordenado como el momento actual de nuestro mundo, quiere ser el resumen de nuestra propia existencia: familiar, íntima, pequeña y muy complicada.


El cielo de Madrid amanece celeste claro con bordes en ligero ahumado. Hacia el mediodía lucirá un azul esplendoroso y velazqueño ... Qué suerte tenemos de haber nacido en un país mediterráneo, con esta luz imprescindible para la alegría.  A veces hay polución, pero después de dos o tres días de aire y lluvia, vuelve a ser el cielo tan limpio y sedoso del Madrid que abrigó mi juventud.

Los días de diciembre suelen ser bonitos, el sol pinta las calles de tibia primavera y he comprado un rosal de navidad con flores blancas. También tengo un belén mínimo, con figuras viejas y otras, como los Reyes Magos y dos papás Noel, que han surgido de la modernidad y de la tripa de nata de algún roscón, igual que una casita con su abeto. La pastora cargada con dos repollos, superviviente del belén infantil de mi marido, es la más veterana. El misterio, muy sencillo, lo compré cuando esperaba a mi hija, y tengo un ángel de la navidad seguntina, un lobo de mar gallego y una caracola.  Intento con poco éxito que Belén parezca un pueblo entre estrellas, pisapapeles redondos de cristal a modo de planetas, una gran bola de espejo, una luna luminosa y la esfera terrestre, siempre torcida, sin solución.

En esta performance navideña- sideral conviven estos días, entre planetas y vestigios del mar, once reyes magos, un par de elefantes, un diminuto rebaño de ovejas con su perro, la mula y el buey, un alce suizo, un toro bravo, el papa Francisco, la pareja de papás Noel, una matrioska, dos escoceses, un capuchón de la procesión de Sevilla y la reina de Inglaterra saludando bajo un abeto veneciano. Todos están en el belén para arropar al niño tan pequeño y a su sagrada familia. No hay malos aquí, Herodes y su castillo quedaron en el destierro del maletero. Un pájaro de plumas rojas sobrevuela el conjunto, vigilando el reposo del niño recién nacido.

Mi belén, caótico y desordenado como el momento actual de nuestro mundo, quiere ser el resumen de nuestra propia existencia:  familiar, íntima, pequeña, a pesar de la enorme dimensión del universo, y muy complicada. Más emocional que racional, feliz a ratos y algunas veces muy triste. Una vida para pasarlo bien o mal, luchar, ganar o perder, para gozar. Vamos, lo que es una vida corriente con sorpresas en el trayecto, una vida tan corta que no nos da tiempo a averiguar por qué ni para qué estamos aquí.

Pero, como dice un buen amigo, lo más importante es la gratitud. Por la vida, por nuestros padres y hermanos, por nuestros hijos y nietos, por nuestra familia, por nuestro país. Por los hombres que amamos y por los que nos amaron, por los ratos felices, por la risa, por el amor verdadero, por la música, por lo aprendido y por lo olvidado. Y por todos los amigos que nos acompañaron en el camino y embellecieron nuestra existencia. ¡Feliz Navidad!


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