29/10/2022 / 14:25
Jesús de Andrés


Imagenes

Suárez

Los votos del CDS de Suárez permitieron en Guadalajara, sin ir más lejos, un tercer mandato de Javier de Irízar en 1987.


 La transición española a la democracia, esa que algunos ahora minusvaloran, fue posible gracias a una suma de factores que confluyeron en un éxito con aroma a milagro. Nadie daba un duro por un pueblo que había demostrado una y otra vez a lo largo de la historia su capacidad para acabar a garrotazos. Resolver el dilema entre el absolutismo y el liberalismo nos supuso tres guerras civiles en el siglo XIX; la pugna de la tiranía contra la democracia nos costó dos dictaduras y una guerra civil en el XX; y la disyuntiva entre monarquía y república significó un sinfín de pronunciamientos y revueltas en ambos periodos. Llegado 1975, no había hispanista que no esperara expectante la vuelta a las andadas. Sin embargo, se culminó gracias a una coyuntura favorable y a la labor de tres grandes personajes: Torcuato Fernández-Miranda, Adolfo Suárez y Juan Carlos I. De los tres, el papel más ingrato y difícil fue para Suárez, quien tuvo que enfrentarse a todos en un marco de tensión e incertidumbre y echarle agallas como ninguno.

Su mandato fue tan breve como intenso: apenas cuatro años y medio desde que fue nombrado en julio de 1976 hasta que dimitió en enero de 1981. Para que se hagan una idea, más o menos el mismo tiempo que ahora lleva como presidente Pedro Sánchez. Cuando se marchó lo hizo abandonado por todos: por el rey, quien le retiró su confianza, y por su partido, que lejos de apoyarle lo abandonó. Tuvo que formar su propio partido, el CDS, incorporado a la internacional liberal y progresista, pasar una dura travesía del desierto en la compañía de Agustín Rodríguez Sahagún y vivir un último canto del cisne tras las elecciones de 1986, cuando obtuvo 19 escaños, y de 1989, en que consiguió 14. En 1991, tras un fracaso electoral en las elecciones municipales y autonómicas, se retiró de la política, no queriendo integrarse en ningún otro proyecto político.

Qué vueltas da la vida, pensé el otro día en la presentación del libro de Luis de Grandes, Testigo de un tiempo, cuya portada está presidida por una foto de Suárez (y otra, debajo, de Rajoy), y qué endeble la memoria. Es cierto que buena parte de la extinta UCD se integró en Alianza Popular y luego en el Partido Popular tras su refundación en 1989, pero nunca lo hizo Suárez. Los votos del CDS de Suárez permitieron en Guadalajara, sin ir más lejos, un tercer mandato de Javier de Irízar en 1987. Suárez apenas acudió a un acto electoral del PP, en apoyo a su hijo, cuando el Alzheimer ya le había afectado, siendo su último acto público. Queda su legado, la transición, que todos, sin manipulaciones, deberíamos celebrar.


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