08/01/2023 / 12:38
José Antonio Alonso/Etnólogo


Imagenes

Tiempo de aguinaldos

Su historia es de largo recorrido y muchos sus beneficiarios.


Felicitación de Pascual del ascensorista de un hotel. Foto: Colección particular.

Dice el diccionario de la Academia que “Aguinaldo” es, entre otras cosas, el Regalo que se da en Navidad o en la fiesta de la Epifanía. Estamos en tiempo. Los que ya peinamos canas salíamos de niños, por estas fechas, de puerta en puerta, pidiendo el aguinaldo y nos lo daban, escaso, normalmente; pero ya se sabe que un grano no hace granero, pero ayuda al compañero (qué refrán tan veraz, tan constructivo, tan útil para sumar voluntades y esfuerzos). Así es que una longaniza por aquí, unos higos por allá, unos torrendillos, unas castañas, al final merienda había. Eso, por lo menos, es lo que dicen los cantares de entonces, por pedir, desde luego, no quedaba la cosa: 

Danos, danos, danos, 

si nos has de dar,

que la noche es larga

y hay mucho que andar.

Esto se cantaba por todas partes, en Peñalver, por ejemplo, aunque los mieleros tenían sus preferencias:

Todo lo cogemos,

todo lo tomamos, 

menos las bellotas 

que son de marranos.

Lo de las bellotas debía ser un recurso bastante utilizado, para desgracia de los rondadores. En Atanzón también se cantaba:

Si nos das el aguinaldo,

no los lo des en bellotas,

que están llenas de agujeros,

las alforjas están rotas.

Y es que había gente para todo, incluidos los que querían cubrir el rito a base de cicatería. La fama se la llevó para siempre la famosa “vieja” del cantar:

Ya baja la vieja

con el aguinaldo;

le parece mucho 

y le va quitando.

Había, incluso gente que se reía de los pobres rondadores:

En la puerta de mi casa

voy a poner un petardo

pa reirme del que venga

a pedir el aguinaldo.

Aunque para esas situaciones, la ronda tenía ya preparada la respuesta:

La zambomba tiene un diente

y el zambombo tiene dos

si no me da el aguinaldo

se terminó la canción.

Aguinaldos. Foto: José Antonio Alonso.

En Guadalajara capital existió la costumbre del “cascajo”. Las familias tenían un saco que llenaban de piñones, nueces, bellotas, almendras, granadas, membrillos, etc., para que los niños fueran consumiéndolo en esas fechas navideñas. Del “cascajo” se echaba mano también para dar el aguinaldo a los niños que rondaban por las casas. Supongo que esa costumbre será ya solo un recuerdo de las personas más mayores. Del aguinaldo en especias se pasó al aguinaldo en dinero. En la capital se cantaba:

Qué guapa vienes con el sombrero

y el aguinaldo que es el dinero.

La historia de los aguinaldos es de largo recorrido. Hubo un tiempo, en el siglo pasado, que la gente de los distintos oficios imprimían sus propias tarjetas, felicitando las fiestas y pidiendo el aguinaldo: carteros, serenos, lecheros o el ascensorista (como puede verse en la imagen  que se adjunta) te dejaban su tarjetita, solicitando también su aguinaldo, que en este caso se correspondía con una propina en metálico. También muchas empresas tienen el detalle, más o menos generoso, en forma de aguinaldo para sus trabajadores. La paga de Navidad, según parece, tiene que ver también con esta costumbre.

Y los niños son los principales beneficiarios de los aguinaldos. Papá Noel, los Reyes Magos, ahora, compiten entre sí, de manera que se multiplican los regalos. En las casas serranas, los aguinaldos de Reyes, que yo recuerdo, eran más bien sencillos: material escolar, algún “carricoche” y otros juguetes artesanos, que los abuelos y los padres encargaban a sus majestades, naranjas y algo de ropa, que venía tan bien para pasar lo que restaba de los gélidos inviernos. Pero sí, sus majestades siempre dejaban algo, a pesar de las dificultades del camino y de las tremendas heladas de los primeros días del año.

Regalos, aguinaldos...En la Sierra, que yo recuerde, no se decía “aguinaldo”, se decía “aguilando”. Un aguilando era un regalo, un detalle. Cuando alguien mataba un raposo, fuera la época del año que fuera, se colgaba de las patas en un palo, se cogía entre dos chavales y, con el resto de la comitiva, se iba por las calles del pueblo pidiendo: ¡El aguilando la zorra! Y la gente se rascaba el bolsillo para premiar a los cazadores que habían librado a los pastores del tan temido peligro. ¡Cómo cambian los tiempos!

En fin: el caso es que, como suelo hacer, voy buscando los palabros, intentando encontrar lo que hay detrás de ellos y algo de su historia. Normalmente hago lo contrario: empiezo el ovillo por los tiempos de Maricastaña y termino en los tiempos actuales, pero hoy parece que la cosa va del revés; así es que, buscando antecedentes de regalos por estas señaladas fechas, me encuentro, ineludiblemente, con las famosas fiestas “strenae” de los romanos, a principio de año. Era una fiesta en la que ya se hacían regalos como deseo de buen augurio. La palabra parece ser que tenía que ver con la diosa “Strenia” y estaría en el origen de nuestro verbo castellano “estrenar” y de los regalos en francés -”étrennes”.

Ya vienen los Reyes. Malaguilla. Foto: José Antonio Alonso. 

Del origen de la palabra aguinaldo, me he encontrado varias opiniones; como no soy experto en la materia, voy a exponer una que dejo aquí por curiosa, no por más o menos ajustada a la verdad, que para ello doctores tiene la Iglesia. Leyendo una “Selección de Artículos” del Semanario Pintoresco Español, publicada en facsímil por el Centro de Cultura Tradicional de Salamanca, me encuentro con un artículo (1846) de Nicolás Magán titulado Origen primitivo de los aguinaldos y etimología de esa palabra que la relaciona con la expresión francesa “an gui  l´an neuf” o sea, traducido a nuestro castellano, al muérdago, el año nuevo. El artículo y los que siguen dan mucho de sí y saca a colación las antiguas fiestas de principio de año en las que los druidas galos celebraban la recolección del muérdago de la encina. Esa opinión podría explicar el que en algunos lugares de la Castilla profunda se diga todavía “aguilando” y no aguilando. ¡Vaya usté a saber!


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