18/03/2021 / 21:10
J. Pastrana


Imagenes

Tres razones para amar La Liga de la Justicia de Zack Snyder


Un acto de justicia creativa. Una necesaria forma de entender las superproducciones en el nuevo mundo audiovisual. Y un indirecto espaldarazo a las salas de cine. La Liga de la Justicia, versión Zack Snyder, representa un tres en uno que sabe a gloria.

Prólogo: Esta nueva versión de la película dedicada a los héroes más poderosos de DC es mucho mejor que la firmada por Joss Whedon, pero no una obra maestra. Es una película de Snyder para lo bueno y para lo malo. El guión no es perfecto y toda la historia está al servicio de la imagen. Nada nuevo… ni problemático en sí mismo.

Snyder es lo más parecido que existe en el mundo del cine a un pintor. Compone escenas potentes, llenas de energía y emoción, capaces de conmover sin necesidad de contexto alguno. El único requisito, como ocurre con tantos artistas, es que el espectador empatice con lo que se le está proponiendo.

Hoy por hoy, su sentido de la estética es un referente. Sus películas no siempre se han apoyado sobre los mejores guiones, pero él es capaz de hablar con imágenes, de transmitir conceptos simples y en este caso muy muy épicos. Y eso es su Liga de la Justicia por encima de todo: pura épica.

 

 

Un acto de justicia creativa: En los últimos tiempos hemos sido testigos de una gran apuesta que ha triunfado, la del universo Marvel, mientras otras naufragaban, como el Dark Universe de Drácula y compañía o este mismo DC Cinematic Universe que lucha por no desmoronarse.

Snyder tenía una visión y llegados a este punto no merece la pena preguntarse si iba más allá de las tres películas que llevan su firma. Pero lo que sí es cierto es que la Liga de la Justicia versión Whedon era poco menos que una forma de mandar al carajo las dos películas que la precedían. La coherencia en el tono es importante para una saga, tal y como nos ha demostrado también la última trilogía de Star Wars. Zack Snyder tenía una visión y ya ha quedado claro que era coherente.

Aquel que no comulgara con El Hombre de Acero ni Batman vs Superman difícilmente podrá hacerlo con La Liga de la Justicia, que no deja de ser una culminación de lo ya expuesto, con sus mismos aciertos y errores. Sube la apuesta sin renunciar a su tono. Es coherente y eso no es ni mucho menos poco. Hoy en día no hay nada más complicado que ser coherente, tanto en la vida como en el arte.

 

Una necesaria forma de entender las superproducciones en el nuevo mundo audiovisual: Nos vendieron Wandavision como la serie que duraba lo que tenía que durar. Mintieron. La emisión de sus dos primeros capítulos, los más cortos, de forma consecutiva igualaba su duración al del resto de programas semanales. Wandavision tenía un número de capítulos excesivo para su historia, que a su vez era excesiva para una película, pero corta incluso para una miniserie de ocho entregas (o las que fueran).

La Liga de la Justicia dura exactamente lo que tiene que durar. Esa es precisamente la gran ventaja que pueden ofrecer las grandes plataformas a sus creadores, libertad. Ya no tienen que ceñirse a una duración concreta para la proyección en salas ni cubrir un número de capítulos determinado. Pueden diseñar un producto que se ajuste a las necesidades de la historia y al interés del espectador. Y repito, porque es importante, al interés del espectador. Últimamente asistimos a demasiados proyectos que parecen responder más a los deseos de sus creadores y estrellas, y aquí podríamos citar otra vez Wandavisión, Mank de Fincher o incluso El irlandés de Scorsese, que al interés del público.

Pese al ego que pueda tener Snyder, y seguro que lo tiene viendo su trayectoria, La Liga de la Justicia dura justo lo que tiene que durar, casi cuatro atípicas horas que los fans devorarán con ansia, simple y llanamente, porque es adictiva y tiene coherencia interna en su ritmo y concepción (otra vez la palabra coherencia) que la convierten en un fantástico producto de género.

Y éste es el camino que deberían seguir las producciones de grandes creadores en las nuevas plataformas: libertad del creador al servicio del espectador, no de su onanismo intelectual.

 

 

Un indirecto espaldarazo a las salas de cine: Quien vea y disfrute La Liga de la Justica en HBO, en la pantalla de su casa por grande que sea, y no desee verla en cine, es que no le gusta el cine. Así de simple y tajante. Es lo único que se echa en falta en esta película, una sala de cine. Quizás con un breve descanso a mitad de proyección para ir al servicio, que algunos ya tenemos una edad, y comprar palomita. Pero Dios… Necesito verla en una sala de cine.

Snyder construye una atmósfera de esas que no ya abundan, de las que te hacen sentir una emoción especial, como cuando de niño hacías cola para ver Batman o en la adolescencia te dejaste deslumbrar por la derrota de Sauron. Y no son dos citas casuales, porque Snyder bebe de Burton y Jackson para crear su propia mitología, aunque le fallen los villanos o recuerden demasiado a los de Marvel.

La Liga de la Justicia nos acerca a la tierra de los sueños y para soñar hacen falta cines. Y punto. No hay perfección, pero sí corazón, fe y una visión. Y épica, claro, mucha épica, que para algo estamos hablando de Zack Snyder.  

Epílogo: Muy bien los actores en general... pero ojo la pedrada que tiene Ciborg.


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