06/06/2020 / 13:36
Antonio Yagüe


Imagenes

Vacaciones rurales

El coronavirus, según los sondeos, nos va a devolver a un veraneo déjà vu con un turismo para ex confinados.


Hace 50 años en un Seat 127, un Ford Fiesta o a lo más un Renault 12 cabía todo lo necesario para salir de veraneo: la familia, las llaves de la casa del pueblo o del apartamento, la cartera con recontados billetes verdes, y algo de equipaje donde el bañador era el rey. Las maletas, a la baca. Como recreaba Cuéntame, los veraneantes de la capital y los “desertores del arado” con posibles cogían carretera y manta camino de Sagrillas, mientras en la radio sonaba Vacaciones de Verano de Fórmula V y Tequila invitaba a bailar un rock&roll en la plaza del pueblo.

El coronavirus, según los sondeos, nos va a devolver a un veraneo déjà vu con un turismo para ex confinados, dificultades para viajar en avión, bolsillos tiesos, miedo al contagio y desplazamientos limitados. Tocan vacaciones como las de antaño: en coche propio, cerca, en familia, en casas, de excursiones cortas y sencillas… Y baratas.

Un sondeo del CIS de 1972, todavía sin cocina de Tezanos, revelaba que apenas la mitad de los españoles tenía vacaciones remuneradas y veraneaba. Quienes no lo hacían alegaban que carecían de recursos económicos o tenían trabajo. Quedarse en casa no era una opción tan rara. Lo practicaba una cuarta parte de la población, como apuntan las previsiones para este verano. 

Aparte del guiño a las estrecheces, mucho ha cambiado con respecto a aquella España del desarrollismo. Cuando no éramos Europa. Cuando el sexo sin matrimonio era milagro, se detenía a los maricones y se discriminaba a las mujeres. Cuando un litro de gasolina costaba 12,5 pesetas, más de la de la mitad veraneaba en bloque durante la primera semana de agosto y Tráfico cifraba en 300.000 los vehículos circulando.

Las previsiones también apuntan que solo un 25% de veraneantes se alojará en apartamentos de alquiler y hoteles. El grueso, como entonces, irá a su segunda casa o de familiares. Incluso se esperan los mismos visitantes, unos 35 millones, que cuando el ‘boom’ de extranjeros seducidos por campañas como “España es simpatía» o Spain is diferent.

Quizá lo más diferente sea hoy la atractiva oferta del turismo rural, entonces en pañales, pero más auténtico en la posada del pueblo o la habitación de algún pariente o conocido. Con palangana y orinal,  como relataba Cela.


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