04/09/2021 / 10:59
Antonio Yagüe


Imagenes

Vuelta al cole

  Mucho ha cambiado en la España vaciada con su hospitalaria soledad.


 A los niños rurales de antes nos chiflaba la vuelta al cole. Significaba el final de un verano con duras y tediosas tareas. Vislumbrábamos la ciudad con sus luces de neón, zapatos duros nuevos, jerséis de pico o faldas tableadas, y el retorno con amistades interrumpidas a una especie de segunda casa. Suponía retomar horarios y normas que acatar. Pero nos fascinaba la novedad y subir otro curso/peldaño hacia la tierra prometida del empleo soñado en la gran urbe. Era de los mejores días del año.

  Mucho ha cambiado en la España vaciada con su hospitalaria soledad. Parques ahora abandonados, rutas escolares con madrugones y hielos,  desayunos con prisas para recuperar el ritmo perdido en junio... Muchos vuelven refunfuñando, pero han cogido fuerzas para un año en el que se portarán otra vez mucho mejor que los adultos, aprenderán pese a las restricciones de actividades, y verán a sus amigos, aunque con la cara tapada de nuevo.

  Septiembre, que ya era un mes extraño, amenaza con serlo más. Con el precio de la electricidad en máximos históricos (adjetivo nunca más preciso) y los abundantes aerogeneradores en nuestros campos, que supuestamente iban a abaratar el coste energético, parados como quijotescos gigantes derrotados. Políticos y asesores andan enredados y enredando con afganistanes o trasvases, en mesas con separatistas y peleas propagandísticas artificiales para mantener prebendas económicas pagadas con dinero público. Una especie de nueva nobleza, sin títulos, a estudiar.

  Para bien acaso de buscadores de hongos y setas, los expertos en cabañuelas (predicción meteorológica entre la cultura popular y la astrología), auguran un otoño con abundantes lluvias. Su pronóstico, basado en la observación del cielo, fases de la luna y cambios producidos en torno al viento, no debiera echarse en saco roto.

  Siempre nos quedarán los pastores, duros como piedras y eternos como el mar, cumpliendo con su función de permanencia. Son, como dice un poeta amigo, una vida fuera de tiempo, una página abierta a lo ancestral, lo vivo y sencillo. A veces me los encuentro y charlamos sin prisas. Pastor y perro enseñan mucha filosofía. Es como volver al cole.


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