Un invierno que había sido pronosticado hace pocas semanas como cálido y seco, retrotrae a niveles de principios del siglo pasado.
Recuerdo que cuando se publicó la ley de Enseñanza mixta, que juntaba en una misma clase chicos y chicas, fue Checa el primer pueblo que la aplicó.
Si los vecinos no somos capaces de hacer las cosas razonablemente, como vamos a esperar que los demás hagan nada por nosotros.
Se fue el año 2020 con sus campanadas, y nos quedamos con un excelente Nacho Cano, con la bella Pedroche apenas vestida de mascarilla y con la esperanza puesta en este tiempo que llega y trae soluciones científicas.
La pandemia, ha generado sensación de desabrigo, pacientes desestabilizados, dolor, vivencia de pesadilla, amargura, sentimiento de indefensión, pérdida de la capacidad de decidir, desesperanza.
En marzo y abril el virus barrió las residencias dejando tras de sí un horror que nadie nos ha contado aún.
El calendario juliano estuvo vigente en Europa durante 16 siglos, aunque arrastrando error con respecto al año solar.
La Navidad nos viene a recordar cada año, en estas gélidas noches de diciembre, que en el gran teatro del mundo, algunos estamos representando nuestro papel rematadamente mal.
Que el año nuevo sea lo más propicio para todos, además de pasar la dramática página histórica que nos deja un 2020 para el olvido pero que paradójicamente será estudiado y analizado en los libros.
Ya no se habla tanto de la cuesta de enero, quizá porque para quienes andan del Erte al Ere o engrosan las colas del hambre todos los meses están en cuesta.
Como edición que tiene su merecido espacio dentro de la bibliografía castellanomanchega, y siendo la nuestra una de las tres provincias que entran en su contenido, el libro me ha parecido de extraordinario interés.
Si en la mañana del domingo fue un placer pasear y caminar sobre la nieve virgen, las complicaciones, los coches atascados, las calles impracticables y el hielo ganando terreno se acabaron imponiendo.
Y, hablando de la identidad del hipotético cuarto rey mago, ¿cuál sería su nombre?
Ha caído la otrora terrible invernada, con cantos de zorzales y de urracas acercándose al lugar y barruntando nieve que cae en abundancia, pero sin viejas cuchicheando en las cocinas y hombres jugando al guiñote en el bar.
Las redes han sustituido a las publicaciones satíricas del pasado; ahora me río de éstas y de su inocencia.
A todos deseamos salud para este año y la superación definitiva de la pandemia porque lo demás vendrá por añadidura.
La finada quedó tendida en la cama, sin poder recibir visitas de sus más allegados, supongo que por protocolos Covid, pero sin que se hiciese nada con ella. Y así pasaron y pasaron las horas
“Somos los de la Guarrina la gente más fina que el mundo parió. Tan pronto robamos gallinas que sacos de harina que sacos de arroz”, era uno de los cánticos de la gente del barrio.
Vivieron y pasaron, “como la verdura de las eras”, al decir de Jorge Manrique.