Dos amores hicieron dos ciudades, dos europas, la de ayer y la de hoy. Esto es lo que H. Arendt llamaba “individualismo burgués”.
No importa que este año la pandemia haya obligado a prohibir la Semana Santa. A mi no me impide revivirla.
¿Cuándo podremos salir a la calle?, la respuesta es clara, cuando el miedo te lo permita, porque una vez se levante el estado de alarma seguirá habiendo riesgo.
Ellos y los panaderos, que siguen llevando barras, leche, huevos y otros encargos puerta por puerta, se merecen la ovación más sonora de nuestros balcones.
Toca ahora realizar test de la manera más masiva posible.
Su fundación data del año 1946.
La incidencia de esta vuelta- en la que se extremarán protocolos de actuación tanto por empresas como por trabajadores- se verá en las próximas semanas.
La primera reflexión compartida es que el coste humano de la pandemia está siendo dolorosamente alto. El balance diario de nuevos afectados cercanos y la incógnita de su evolución nos preocupa.
Cuesta asumir que no podremos realizar esa escapada para descansar, disfrutar, desconectar de la vida diaria, por mucho que desde hace semanas las rutinas no sean ya las mismas.
Necesitamos fuerza, tesón y flexibilidad para adaptarnos a una época nueva.
En este contexto comienza la Semana Santa más sorprendente, más inverosímil e insólita que hemos vivido nunca.
Uno de los pueblos de la provincia más amplia y gravemente afectado por la gripe española fue Aldeanueva de Guadalajara. En él se contagió la mitad de la población (alrededor de 200 personas) y fallecieron 20.