Sólo hace una semana que me acerqué a evocar viejos recuerdos a la histórica placita de Galve de Sorbe.
Muchos mendigos se zumban entre sí en el aquelarre de la noche porque se reconocen en el otro y lo quieren eliminar.
La ausencia de incidentes de gravedad y el buen funcionamiento de los servicios de limpieza y seguridad, lo mejor.
Un actuación especial del Estado conra la despoblación y la dispersión geográfica, haciendo participe a la UE, es la exigencia razonable de esta parte de España amplia y poco habitada.
Los toros y el Ferial son los focos de atención para un público con ganas de diversión.
Además, no deberíamos olvidar tampoco que el triunfo de los cristianos es el triunfo del Crucificado.
Este vocablo que me acabo de inverntar tardará mucho en ser incluido por la Real Academia en su diccionario.
He sabido por la radio que el Hayedo de Montejo de la Sierra, provincia de Madrid, ha sido inscrito por la UNESCO como espacio natural Patrimonio de la Humanidad.
En los puestos de relevancia que ha ocupado ha demostrado sus dotes de liderazgo, determinación, fuerza y valentía para enfrentarse a los retos y obstáculos del camino.
Es tiempo de unidad, de dejar a un lado lo que nos separa y remar juntos hacia un futuro en el que sabemos que a la gente le irá mejor si gobernamos los socialistas.
A esta casa de Nueva Alcarria dedicó muchos años siempre alrededor del deporte.
Las purgas no han traído nada bueno ni para los purgados ni para los purgadores, aunque el tiempo en algunos casos tardará en poner a cada uno en su sitio.
El maestro romántico atinó de pleno en aquello de que "En España es todo el año es carnaval".
La clase ociosa, la clase política no se conforma con vivir bien en la oscuridad, en la privacidad sino que tiene que exhibir su grandeza, poderío y riqueza ante los demás.
Ya está todo a punto. Ahora sólo hace falta que se sepa hacer uso de lo que se quiera y sepa.
Metáforas y fanatismos deportivos han llegado hasta el serio departamento de Trabajo.
Hoy estas líneas son un réquiem por el gran pino romano de la Alameda, un pino antiquísimo que daba sombra al Amarillo y a los paseantes.