Estamos infravalorando la complejidad de la situación política nacional y europea.
¿Qué decir de la desolación de las diezmadas residencias de ancianos por esta plaga, y de ciudades fantasma donde hasta los pájaros parecen estar extrañados de tanta soledad en las calles y tan abrumador silencio?
Lo que jamás nadie pensó que podía pasar, ha pasado. La gente ni siquiera imaginaba que se iban a acabar los besos, abrazos, caricias, cervecitas con los amigos...
Hace muchos años me convencí de que hay profesiones del bien, como son las de médico, enfermera o sacerdote. Ahora he ampliado la visión y debo incluir a otras profesiones de bien.
El Gobierno está tomando medidas, ahora de gran calado; tarde muy tarde y de forma parcial y sin congruencia; solo a partir del RD del 17 de marzo.
Máxima respuesta en una situación de extrema gravedad desde instituciones y desde la sociedad civil, con excepción de aquellos que todavía no han entendido la perentoria urgencia de quedarse en su casa.
Artículo publicado en Nueva Alcarria en febrero de 1996.
El coronavirus es el apocalipsis moderno, importa más el abastecimiento bien anotado que pedir confesión en la parroquia o notario para dejar las cosas en orden.
Con el humor hay que tener cuidado.
Entendemos que están realizando un trabajo excepcional para que los residentes estén viviendo esta situación lo más normal posible, con las precauciones necesarias.
Hay que tomar desde el balcón o ventana aire y sol, y mirar al exterior. El aplauso que damos a sanitarios, conductores... es justo, pero además nos es necesario, pues nos reúne.
La lucha se intensifica mientras se llega a la cresta de la ola.
Mis más tristes notas escritas en la prensa en Nueva Alcarria, a mis setenta y nueve años de vida siendo las mismas sin ánimo de críticas.
Trabajar se ha convertido en una heroicidad, ejemplo que alcanza su máxima pero no única expresión en los profesionales sanitarios.
Con Lorenzo aprendí cosas bonitas, por ejemplo, como es un pato mudo, un viburnum o un longueirón, y que los jureles son feos como cuervos asados, pero están muy buenos a la brasa.
Es lamentable ver cómo ni en una situación como esta somos capaces de escapar a la sombra de Caín.
Estamos en una situación extrema que exige sensibilidad, responsabilidad, tranquilidad y seguimiento de las instrucciones.
Estaba previsto. “En cuanto toquen pelo, irán a por él. Y desde el flanco más débil, su padre”. No contaban, además, poder contar con otro virus, Villarejo.
Ahora nos enfrentamos a una crisis ante la que nos sentimos indefensos. Y otra vez son los instrumentos jurídicos los que nos ofrecen medidas para afrontarla.
¿Fue un error permitir las manifestaciones feministas el pasado 8 de marzo, coincidiendo con el día internacional de la mujer?