A muchos no les gusta el empleo de términos belicistas para referirnos a un desafío biológico, a un problema médico, pero hay bastantes paralelismos.
Los que envejecen van cambiando sus opiniones coincidiendo con las mías; ya saben, lo del sabio-o el diablo- y su edad.
Estamos infravalorando la complejidad de la situación política nacional y europea.
¿Qué decir de la desolación de las diezmadas residencias de ancianos por esta plaga, y de ciudades fantasma donde hasta los pájaros parecen estar extrañados de tanta soledad en las calles y tan abrumador silencio?
Hace muchos años me convencí de que hay profesiones del bien, como son las de médico, enfermera o sacerdote. Ahora he ampliado la visión y debo incluir a otras profesiones de bien.
El Gobierno está tomando medidas, ahora de gran calado; tarde muy tarde y de forma parcial y sin congruencia; solo a partir del RD del 17 de marzo.
El coronavirus es el apocalipsis moderno, importa más el abastecimiento bien anotado que pedir confesión en la parroquia o notario para dejar las cosas en orden.
Destacado humanista y médico, Luis de Lucena, nacido en Guadalajara en 1491, fue también arquitecto y diseñó, costeó y mandó construir la capilla Luis de Lucena.
Artículo del consejero de Desarrollo Sostenible con motivo del Día Mundial de los Derechos de las Personas Consumidoras, hoy 15 de marzo de 2020
En las tragedias de grandes magnitudes, surge entre la población una solidaridad espontanea digna de admiración.
Los investigadores proponen que el efecto “gafas de cerveza” puede ser un buen recurso.
Los problemas, como no, también se han globalizado. La libre circulación de capitales facilitó la inversión y el desarrollo económico, pero también se convirtió en herramienta a disposición de los malos.
Hay que tomar desde el balcón o ventana aire y sol, y mirar al exterior. El aplauso que damos a sanitarios, conductores... es justo, pero además nos es necesario, pues nos reúne.
Lo que jamás nadie pensó que podía pasar, ha pasado. La gente ni siquiera imaginaba que se iban a acabar los besos, abrazos, caricias, cervecitas con los amigos...
Trabajar se ha convertido en una heroicidad, ejemplo que alcanza su máxima pero no única expresión en los profesionales sanitarios.
Estamos en una situación extrema que exige sensibilidad, responsabilidad, tranquilidad y seguimiento de las instrucciones.
Estaba previsto. “En cuanto toquen pelo, irán a por él. Y desde el flanco más débil, su padre”. No contaban, además, poder contar con otro virus, Villarejo.
Su verdadero nombre fue el de José Martínez Espinosa; nacido en Sigüenza el año 1545.
El ecuador del curso ha llegado con colegios e institutos cerrados.
El miedo es libre, y el hombre también, pero desde los medios de comunicación debemos contribuir a la calma y a que no cunda la alarma.