Hoy en día, tras los sucesivos naufragios del liberalismo partidista, las encuestas que reflejan la cultura política de los españoles coinciden en ese perfil: los españoles somos mayoritariamente celosos guardianes de nuestros derechos y libertades, aspiramos a la igualdad y tenemos siempre recelo del poder.
Los cristianos somos invitados a exteriorizar esta alegría, especialmente durante el tiempo de Navidad.
En el rincón de esta semana vamos a recordar la antigua taberna denominada “La Palma”, la cual estuvo abierta durante muchos años en la calle de Santiago Ramón y Cajal, junto a la Concatedral de Santa María de la Fuente.
Por una noche el mundo se detiene para vivir el amor de la familia y de esas amistades sin las cuales no entenderíamos nuestra propia existencia.
El debate está servido y quedan muchos días por delante, aunque los expertos dicen que es una variante que, como ha ocurrido en Sudáfrica, sube con la misma fuerza que desciende.
El virus sigue ahí, hay que mantener toda la precaución que sea posible, pero no podemos regresar al pasado ni dejar de reconocer los avances producidos.
En definitiva, la Constitución de 1931, vigente muy pocos años, tuvo la gloria y la tragedia de intentar el cambio social y el progreso, pero la intolerancia y el sectarismo primaron sobre la concordia y el pacto.
María de Molina demostró una indudable capacidad para el gobierno: sagacidad para encontrar la ayuda de la Iglesia, negociar con la nobleza y algo fundamental, que fue conseguir el apoyo de un buen número de ciudades.
En los pueblos corren los contagios desbocados según nos dicen los amigos de aquí y allá. Y no sé si acabaré contagiada por el Covid, pero seguro que acabo neurótica perdida ante cualquier tos o escalofrío, propio o ajeno.
El 56% de los españoles pesa más de lo que debería y el 22% sufre de obesidad.
Qué felices seríamos si la Navidad fuera permanente, y nos diéramos cuenta de esa realidad.
Desde que supe de la personalidad de Juan Bautista Mayno, en Pastrana, su pueblo natal, cada año su memoria se pasea por mi mente representada en imágenes fantásticas.
Feliz Navidad a todos menos al señor Covid.
En el principio de los tiempos (antes de las inocentadas hispanas), se reunieron varios duendes para hacer una travesura.
Mi belén, caótico y desordenado como el momento actual de nuestro mundo, quiere ser el resumen de nuestra propia existencia: familiar, íntima, pequeña y muy complicada.
No queremos hablar de tristezas pero la situación sanitaria de este año- mejorando el anterior eso sí- hace que al menos resulten agridulces.
Para nosotros la mística es un texto de diálogo, de lo inefable, de amor, de la felicidad, de camino, de la consumación, en el que se supera nuestra elemental lógica.
Lo de Verónica Forqué no es más que un botón de una muestra anónima, silenciosa, de la que los medios hablan muy poco o nada porque viene a ser testimonio de nuestra propia vergüenza, la de una sociedad enferma.
Ante esta situación, que en todo caso requiere de mascarilla, ventilación y test de antígenos, reina la confusión, el debate entre el corazón y la razón, del deseo de estar con las personas queridas con la conciencia del riesgo real al que nos enfrentamos con cifras al alza, sobre todo de contagios.
Page, que no quiere más comparación con Ayuso. ha decidido no imponer nuevas prohibiciones en un guiño dirigido sobre todo al sector hostelero, clientes incluidos.