Se eleva la luna, rojiza, sobre el río Duero, desde el mirador de San Cipriano, en la milla románica zamorana. Asoma la última luna llena de julio, sonrosada en su orto, más brillante de lo normal tras ascender, llenando de luz la noche que conduce al Mediterráneo.
Me lo advirtió en la tarde del martes mi amigo Pablo Alcocer tras consultar el ‘Google Maps’: “la Sierra de Aragoncillo ha desaparecido”. No daba crédito al mapa espacial con la mancha creciente del pavoroso “incendio de Selas”, como pasará a la macabra historia de los fuegos que asolan España.
Tras ocho días de angustia llega el momento de la reflexión. La emergencia comienza a remitir y cuanto antes se afronte la reparación de daños, mejor.
Una novela que nos entrega un escritor molinés (médico ya jubilado, y natural de Orea) en la que se habla de Molina en tiempos medievales, de personajes reales y ficticios, del saber médico en tiempos antiguos, y de viajes sin fin por la España que entonces era llamada, por sus habitantes judíos, Sefarad.
Ante los bulos nos cabe a la ciudadanía la capacidad crítica y el intento de verificación constrastando las fuentes de donde nace la que creíamos noticia, pero que puede ser un ‘envenamiento'.
El 15 de julio de 1939, hace 87 años, salió a la calle el número 1 de Nueva Alcarria. Desde entonces no ha faltado en ninguna ocasión a su cita semanal con los lectores, desde 1992 bisemanal con el periódico de los lunes.
Joaquín Araujo, ecologista y escritor de los serios, admirador de Félix Rodríguez de la Fuente y de Miguel Delibes, reflexionaba que tiene cojones que los humanos seamos como somos por haber incorporado el fuego para calentarnos o cocinar, y ahora nos esté quemando el planeta.
¡Vaya temita que hemos elegido hoy! Antes de entrar en harina, conviene aclarar alguna cuestión, porque, claro, los mitos forman también parte del folklore, y yo no soy quién para amputar el contenido del mismo, ni tengo ninguna intención de hacerlo.
En octubre de 1856 Alejandro II envió dos cartas a Isabel II anunciándole su advenimiento al trono ruso, pretendiendo con ello restablecer las relaciones diplomáticas con nuestro país.
Los economistas, por deformación profesional, solemos cuantificar y medir todo lo que está a nuestro alrededor para conseguir una valoración lo más objetiva y técnica posible del mundo que nos rodea.
Dos realidades muy distintas han protagonizado el interés informativo de estos últimos días.
Sobrecoge la tragedia, ver arder la Sierra, cómo el fuego destruye vida y arrasa el paisaje devorando montes y pinares. Ahoga la congoja por las personas, los animales y las casas. Se cumplían 21 años del otro incendio, el de los pinares del Ducado.
Poco a poco se va acercando la fecha del 12 de agosto de 2026, cuando podremos ver, en gran parte de nuestra provincia, el esperado eclipse solar. No es un fenómeno habitual, y se entiende la expectación que está generando.
Jugará España una nueva final del mundial dieciséis años después. Con profesionalidad y desparpajo a partes iguales, tal como entonces, de forma casi natural. Los jugadores de la selección española apenas eran unos niños de seis, ocho o diez años cuando Casillas levantó la copa.
La manija del reloj no se detiene y nos ha puesto en pleno y caluroso mes de julio ante otro día 15, ese en el que por primera vez en la historia de Guadalajara salía a la calle un nuevo periódico, de tan solo 4 páginas, con tres puntos de distribución por las calle Mayor de la capital.
Con el calor apretando con fuerza en este mes de julio, lo que más nos pide el cuerpo son cosas fresquitas.
Hay muchas clases de muerte, pero quiero referirme a dos: una, la que provocamos los hombres con las guerras, y la otra, la que nos cae encima, Dios sabe por qué, como son los terribles terremotos.